Leer en movimiento

Vamos a ver:  la comida, el vino, la conversación, los amigos, las amigas, el tabaco, el sexo, la poesía, los libros.  Puede que sea un poco anticuado, pero esas son mis aficiones.  O más que aficiones, las cosas que le dan sentido a mi vida.  Mucha gente que me conoce se preguntará por qué no incluyo los viajes en la lista.  Y es que he perdido el gusto por ellos, sin dejar de pensar en la movilidad, en la trashumancia, en los circuitos de los nómadas.  De hecho, todo lo que hago está todavía, aunque me niego a viajar (en el sentido común de la palabra), ahora que, siendo el avión casi obligatorio, cada vez se viaja peor en él… sin contar todos los controles de seguridad que, como demuestran los últimos hechos en los periódicos, no valen para gran cosa.

Mi vida ideal, la que estoy tratando de reconstruir en los últimos tiempos, sería conformada por un circuito. Ir de casa en casa de amigos, de ciudad en ciudad, de país en país. Podría practicar todas mis “aficiones” de la manera en que mejor vinieran en cada momento, y luego me iría hasta la próxima vuelta.

Para una vida nómada como ésta, claro, andar cargando libros es demasiado. El papel pesa lo suyo. Y uno nunca sabe lo que va a querer leer el mes que viene, aparte de la investigación principal que esté haciendo. Internet ha ayudado mucho en este sentido, poniendo una enorme cantidad de información al alcance de una pantalla. Pero la mayor parte de los libros se siguen editando en papel sin versión electrónica.

Hace un mes, más o menos, mi amiga Juli me regaló un iPod Touch, algo así como un iPhone sin teléfono y sin cámara. Lo primero que me puse a investigar en él fue la posibilidad de leer, de bajarse libros, gratis o de pago, y usarlo como una biblioteca portátil.  El artilugio es pequeñito, pero permite leer con bastante soltura, aunque de nuevo, muchos son los libros que me he querido bajar y que no tienen la versión adecuada.

He bajado libros de poesía, de filosofía, de viajes y novelas. Visualmente, se lee todo de maravilla, y siendo el aparato tan pequeño y tan fácil de manejar, hasta es más cómodo que muchos libros físicos. Además, como la pantalla tiene su propia luz, leer de noche es incluso más fácil. También, muchos libros permiten que uno ajuste la tipografía, tanto en estilo como en tamaño, más o menos a su gusto.

Pero me ha pasado una cosa extraña. No sé si es por un libro en sí o por el aparato, pero a veces, leyendo en este aparato, he sentido una especie de claustrofobia. ¿Cómo explicarlo? Creo que tiene que ver con el poder encontrar una página anterior en la que había algo interesante, con el poder ir y volver por el libro. Esto se puede hacer en el iPod pero es mucho más sencillo en un libro de papel. No sé, algo hay que no acaba de satisfacerme. Quizá sea sólo la falta de costumbre.
Ya veremos.

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