Magia de invierno

Empiezo este poema un martes trece.
Los amuletos giran
los martillos hidráulicos bombardean el aire
vibra el suelo, llamo para que me traigan la comida.
Quizá deba comer algo con amuletos
atados a brazos, piernas: anillos de azul.

Hoteles donde ya es imposible vivir.
No se diga dormir.
Con este amuleto del frío enganchado al paladar
a las plantas de los pies
que flotan en el agua helada del aire
y el sueño de anoche sin dormir ya frío
sin que haya por donde acariciarlo
para que desaparezca.

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